Monday, October 10, 2011

Los Estereotipos: Todo es grande en EEUU

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23 Jul 2010

paco-nadal - 23 Jul 2010 - URL Permanente

Todo Es Grande en Estados Unidos

Los Estados Unidos de América (América, como gustan abreviar por aquí, obviando el resto de lo que queda comprendido entre el Cabo de Hornos y Alaska) es el país del XXL.

Aquí todo es talla gigante: las hamburguesas, las pizzas, las porciones de tacos, los rascacielos y los coches.

Y solo a mi se me ocurre alquilar un Smart en el país del XXL. Lo cogí porque iba solo a Muir Woods, a unos pocos kilómetros del downtown, y además era el más barato (¡hay que mirar por el presupuesto).

Pero lo que no esperaba era convertirme en una atracción de feria. Apenas llevaba hechos los primeros kilómetros cuando me di cuenta de que ir por una autopista norteamericana con un Smart es como ir en patinete por Europea.

La gente bajaba las ventanillas y aminoraba para verme y hacerme fotos, me saludaban como quien ve a un extraterrestre y sonrían ante la ocurrencia. En los parking los turistas venían a hacerse fotos conmigo y los más atrevidos me preguntaban que cómo se conducía "eso".

-"Pues con un volante y cuatro ruedas", ¿cómo si no?

En el fondo fue divertido. Era un excéntrico talla S en el país del "Jumbo size". Pero me reí un montón. Y quien me veía al volante, también.


La Comunidad Humana: Zona Cero

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Levante-EMV.com » Opinión La mezquita que no toca
05:30

Fernando Villalonga
En poco más de un año se rememorará el décimo aniversario del ataque de al Qaeda a los EEUU—también a todo Occidente—, en el que cuatro aviones comerciales con pasajeros fueron secuestrados y estrellados por el grupo terrorista islámico contra los símbolos del poder americano, dos contra las torres Gemelas de Nueva York, el nucleo económico del país, otro contra la cúpula militar del Pentágono y un cuarto frustrado dirigido a Washington. Tan sólo en Nueva York cerca de 3000 personas fallecieron al colapsarse las torres y todo parecería indicar que la ciudad de los rascacielos, todavía traumatizada por aquellas imagenes, debiera estar ahora preparando una reflexión colectiva serena que respondiese a preguntas clave como: ¿es el país más seguro ahora que antes?, ¿se ha avanzado en la lucha contra el terrorismo internacional tras las intervenciones en Iraq y Afganistán?, ¿cómo se honra a las víctimas del terror? o ¿cómo se defiende una sociedad de la sinrazón sin perder sus libertades.?...
La reflexión se esta dando, desde luego a golpe de periódico, de forma muy poco serena y en torno a una iniciativa —provocadora en mi opinión y que cuenta con el visto bueno del alcalde Bloomberg y del New york Times— de construir una mezquita a tan solo dos manzanas de lo que fue el World Trade Center. El alcalde, multimillonario él, disfrutando de su último mandato antes de pasar a la posteridad, sabiendo como de demócrata respira la ciudad, y con los deberes de reconstruir la Zona Cero sin cumplir y sin visos de poder hacerlo —en el saco va también la recortada estación intermodal de Calatrava— se ha lanzado, con buena parte de la izquierda de la ciudad,no con toda, a una encendida defensa de la libertad religiosa que justifique el permiso municipal de obra, levantando un debate que será central no solo en el Estado de Nueva York, sino en todo el país en las próximas elecciones de noviembre en las que Obama se juega su capacidad de gobierno.
El 2 de noviembre se renueva nada más ni nada menos que toda la Cámara de Representantes, 43 senadores de 100 y 34 de los 50 gobernadores de los Estados y ya se sabe que los sutiles debates de los neoyorkinos son difíciles de entender en Kansas y hasta por Dorothy en el país del Mago de Oz y que en este caso la confusión que se está creando le puede salir muy cara a la Casa Blanca...
Los argumentos a favor de la mezquita no son baladíes y descontextualizados pueden tener su peso: Dicen que sus promotores, el Imam Faisal Abdul Rauf, de origen kuwaiti y su esposa Daysu Khan, Kashemiri, son personas moderadas que han dedicado muchos años de sus vidas a promover el diálogo interreligioso. Me alegro mucho. Se argumenta que no será una mezquita sino un gran centro cultural —100 millones de dólares de presupuesto, que no tienen hoy por hoy— con clases, auditorio, piscina y gimnasio, salas de exposiciones biblioteca y sala de oración. O sea, una mezquita completa... Que no está en la zona sino en Park Place, dos manzanas al norte... ¡Vale! e incluso argumentan que no solo les apoyan los musulmanes de los Estado Unidos —a los del mundo entero no los mencionan pero se supone—, sino también algunas organizaciones judías como el Jewish Comunity Center, otras Cristianas, algunos —poquísimos— familiares de las víctimas del 11-S y el mismísimo alcalde Bloomberg que es judio... ¿Y qué?
Resulta evidente que fue el fanatismo Islámico el que causo tantísimos mártires el 1-S y que el mismo fanatismo hubiese podido causar otra catástrofe si el mayo pasado hubiese explotado la bomba que Faisal Shahzad puso una tarde en times Square, el corazón de Broadway. Resulta también evidente, y así se ha pronunciado la asociación de victimas del 11-S, que ellas no pueden por el mero hecho de ser víctimas cercenar una de las libertades fundamentales constituyentes del país como es la libertad religiosa, pero que la construcción de esa mezquita en aquel lugar les incrementa su angustia y las degrada más si cabe como victimas que son, de la misma manera que lo haría un asesino legalmente libre —como ha ocurrido en España— instalando un negocio propio o de una organización cercana, en el bajo del edificio donde vive su víctima.
Total que la mezquita puede ser muy legal, sus promotores muy tolerantes y la libertad religiosa, sagrada, pero una mínima sensibilidad hacia las victimas del terror y hacia el hecho político del atentado, obliga a razonar con el sentido común más allá de la ley y evitar provocaciones innecesarias y más dolor a los que sufren. Manhattan es muy grande y seguro que hay miles de lugares para instalar ese centro islámico (vayan ustedes a construir una iglesia en un país musulmán cualquiera y verán donde van a para sus huesos). Como diría mi admirado president Pujol ni toca el sitio, ni toca ahora.

Consul General en Nueva York

El Norte: El Factor Colbert

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El factor Colbert


Por Marcela Sánchez
12:49 | 10/07/10


Sólo una vez durante su comparecencia ante el Congreso el 24 de septiembre, el comediante Stephen Colbert dejó de personificar el prepotente personaje conservador que le ha dado fama. Fue cuando la representante Judy Chu preguntó por qué él escogió trabajar en el tema de trabajadores inmigrantes. Colbert levantó su mano derecha, acarició su impecable cabello y dijo: “Me gusta hablar acerca de gente que no tiene ningún poder. Y simplemente parece que uno de los grupos con menor poder en Estados Unidos es el de trabajadores migratorios que vienen y hacen nuestro trabajo, pero no tienen derechos”.

Aun así, la presentación de Colbert ha sido tildada como un acto de circo, algo inapropiado e, incluso, ofensivo. No obstante, honestamente fue un acto satírico brillante, protagonizado por un hombre con una capacidad inigualable de destacar aspectos absurdos de la política estadounidense.

Pocos temas ofrecen tal cantidad de incoherencias y contradicciones como el de la inmigración. Basta con examinar el argumento trillado de que los inmigrantes le están quitando empleos a los estadounidenses. Eso sería cierto si los estadounidenses tuvieran mayor interés en dichos trabajos. Pero, en general, no lo tienen y menos aún cuando se trata de la industria agropecuaria.

En California, donde uno de cada ocho adultos está desempleado, granjeros han puesto 1.160 anuncios de empleos agrícolas desde enero. Según un análisis de la Associated Press, sólo 233 estadounidenses o residentes permanentes han solicitado dichos empleos y sólo un granjero contrató a algunos de ellos, 36 en total.

El hecho es que hoy en día más de un millón de personas son campesinos en Estados Unidos; entre la mitad y tres cuartas parte de ellos laboran ilegalmente en el país. El resto son, en mayoría, residentes legales o trabajadores en condición de huéspedes temporales.

Hace unos meses, la Unión de Campesinos (UFW) lanzó la campaña nacional “Tomen nuestros trabajos”, con el propósito de atraer estadounidenses a las granjas, un reto que Colbert aceptó y por lo cual terminó dando testimonio en el Congreso. Desde el 24 de junio, 8.600 personas han expresado interés, pero sólo siete laboran ahora a tiempo completo en el campo.

Colbert trabajó en el campo por un día. Luego, convirtió esa oportunidad en auto-burla – el experto nacido en sólo una jornada laboral – y en una ridiculización de aquellos congresistas que pretenden dejar todo en manos del mercado.

“Esta breve experiencia me hizo entender algo del por qué tan pocos estadounidenses están clamando por empezar una carrera excitante como campesinos”. “Entonces ¿Cuál es la solución?”, preguntó. “Estoy a favor del libre mercado. Normalmente dejaría esto en la mano invisible del mercado, pero incluso la mano invisible no quiere recoger habichuelas”, dijo en la audiencia.

Según el economista agrícola Philip Martin, de la Universidad de California en Davis, más estadounidenses estarían interesados en esta clase de empleos si los salarios aumentaran hasta, por lo menos, alcanzar 15 dólares por hora. Sin embargo, agregó Martin, antes de que eso ocurra, es más factible que los granjeros mecanicen más la labor agrícola para reducir la mano de obra al mínimo.

En otras palabras, a los estadounidenses nunca se les ofrecerá lo suficiente para que hagan esos trabajos. Y como nunca habrá “verduras que se cosechen a sí mismas”, como sugirió Colbert como alternativa, los granjeros continuarán usando agricultores inmigrantes como la mejor y menos costosa opción.

El Gobierno federal ha ofrecido por años visas temporales para satisfacer esa necesidad de obreros extranjeros. El Programa de Trabajadores Huéspedes H-2A, sin embargo, es usado muy poco debido a los trámites burocráticos, costosos y complicados. No sorprende, entonces, que tanto los agroempresarios como campesinos estén a favor de una legislación que les permita a los empleados ilegales del campo legalizar su situación, después de cumplir dicha labor por varios años. El proyecto que ofrece esa solución, AgJOBs, fue motivo de la audiencia.

Tristemente, una legislación muy similar ha sido presentada año tras año en el Congreso durante más de una década, pero todavía no ha habido avance alguno para su aprobación. Y este año no será distinto. Es difícil pasar una legislación razonable como ésta con congresistas como el republicano Steve King de Iowa, que culpan a los inmigrantes ilegales por los salarios pobres y las tristes condiciones laborales en las granjas, sugiriendo que sin ellos todo se resolvería.

Mientras tanto, los trabajadores agrícolas continúan recogiendo nuestras frutas y verduras, pero en ningún estado del país tienen derecho a organizarse en sindicatos y en 15 de esas entidades tampoco reciben compensación alguna en caso de accidentes, como destacó el presidente de la UFW, Arturo Rodríguez, en el testimonio que brindó junto con Colbert.

Rodríguez dijo que, como la mayoría de campesinos, inicialmente él no había nunca escuchado hablar del comediante. Pero ahora que sabe quién es, le está muy agradecido porque ha ayudado a traer “toda una nueva audiencia a este tema”. Seis días después de la presentación, sólo en la página de Internet de la cadena del Congreso, CSPAN, más de 800.000 personas habían mirado una parte, al menos, de la comparecencia de Colbert.

Finanzas: Dinero, Riqueza y Estatus Social

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Lectura Cultural
Dinero, Riqueza y Estatus Social

el pais.com

El dinero y la riqueza tienen una gran importancia cultural en los EE.UU. Desde sus origenes, la actitud protestante estadounidense interpretó la producción y la acumulación de riquezas como señal de la benedición de Dios. Hoy en día, se percibe a los EE.UU. -tanto desde afuera como desde adentro—como el país materialista y consumidor por excelencia. Hay críticos que dicen que el dólar ya no sirve sólo para satisfacer las necesidades y los deseos de consumo, sino que se ha convertido en un símbolo social de prestigio y éxito. Es decir, que el mérito del individuo estadounidense y su posición social se miden por la cantidad de dinero alcanzado, ahorrado, invertido y gastado. Al ir a una fiesta o reunión social en EUA, muchas veces la primera pregunta que se hacen los desconocidos es “What do you do?” La interpretación literal es: --¿Qué hace usted? o ¿A qué se dedica usted? –Pues, me dedico a las finanzas (soy banquero, carpintero, maestra escolar, etc.). Pero hay otra pregunta que se oculta aquí y es la siguiente: --¿Cuánto dinero gana usted? Es decir, al norteamericano le interesa saber a qué profesión o carrera se dedica la otra persona porque esta información le sirve como medida económica del otro (es banquero, tendrá un sueldo anual de X dólares, merece o no merece la pena hablar con él). Así que el saludo típico en estas situaciones a veces tiene como verdadero propósito cultural el definir a la otra persona por el dinero que gana.
España e Hispanoamérica están de acuerdo con los EE.UU. en que todo el mundo quiere vivier mejor: todos quieren tener más dinero para satisfacer sus necesidades y deseos. Pero en las culturas hispanas, el dinero y la riqueza no han llegado a ocupar un lugar tan exaltado como en lo EE.UU. Hay muchos más pobres—muchas más limitaciones sobre los apetitos de consumo—en Hispanoamérica que en los EE.UU., especialmente en el sector indígena. Aunque existe un gran deseo y una indudable necesidad en los países hispanos de atraer más dinero en forma de inversión extranjera, esto se templa por el deseo de mantener una autonomía económica nacional. No quieren que el dinero extranjero y la prosperidad tengan como precio la independencia nacional. Esto se demuestra históricamente en las restricciones impuestas a los inversionistas extranjeros y en las nacionalizaciones industriales. Los países en desarrollo quieren protegerse de la influencia y el control ejercidos por las naciones industriales y postindustriales como los EE.UU. y los países en desarrollo quieren protegerse de la influencia y el control ejercidos por las naciones industiales y postindustriales como los EE.UU. y los países de la Europa occidental. Moderniazarse, industrializarse y desarrollarse, muchas veces entran en conflicto con las ideas nacionales sobre la establilidad, la tradición y conservadurismo que existen en muchas partes de Hispanoamérica. Además, a nivel individual pueden prevalecer otras consideraciones, como la familia y las amistades, mucho más que en lo EE.UU. Es decir, el dinero sí es importante, pero no lo es todo.
El célebre filósofo inglés Francis Bacon (1561-1626) dijo que: “El genio, la agudeza y el espíritu de una nación se revelan en sus proverbios”. Los siguientes proverbios iluminan un poco más las actitudes culturales de España e Hispanoamérica hacia el dinero y la riqueza. Por una parte, se dice que “pobreza no es vileza” y que “no hay mayor riqueza que el contentamiento”. Pero por otra parte, se afirma la importancia del dinero: “las palabras del probre nunca son escuchadas”, “hombre sin diner, pozo sin agua” y “con mucho dinero, todo es hacedero”. Sobre los ahoros, se sostiene que él que guarda, halla”. De contraer deudas, se declara que “quien presta a un amigo, compra un enemigo”. Respecto a la avaricia, se manifiesta que “al avaro siempre le falta”. Y por último, hay dos refranes que se hallan también en muchas culturas mundiales: “el tiempo es dinero” y “el dinero es la raíz de todos los males”.